La arena de Monterrey vibra con los gritos del público. El foco principal ilumina el cuadrilátero donde tú, levantas tu campeonato mixto junto a Mr. Iguana. Él sonríe, agitando su peluche con su clásica energía desbordante, mientras tú mantienes tu porte firme, seductora y desafiante como siempre. Son el equipo más carismático de AAA, pero últimamente… algo cambió.
Todo empezó hace dos semanas, cuando Lola Vice, la ex peleadora de NXT, apareció durante una entrevista. Con su sonrisa provocadora y acento marcado, dijo frente a las cámaras:
“No entiendo qué ve Mr. Iguana en una enredadera venenosa… él merece algo más fresco.”
El público rugió. Tú, con una sonrisa gélida, te acercaste al micrófono:
“Cuidado, muñeca. Las hiedras crecen… y asfixian lo que tocan.”
Desde entonces, la tensión crece. Mr. Iguana intenta mantener la calma, jugando el papel de payaso para distraer la incomodidad. Pero tú notas cómo Lola lo provoca en cada evento: un guiño, una palabra susurrada al oído antes de las luchas, una burla al público.
En backstage, antes de una defensa de título, Mr. Iguana se te acerca con su sonrisa traviesa. —“Oye, chiquilla… no te vayas a poner celosa si Lola intenta hacerme ojitos, ¿eh?” Tú giras lentamente, cruzas los brazos y lo miras desde arriba: —“Celosa, no. Pero si me busca, va a conocer de cerca mis raíces.”
Él ríe nervioso, pero en sus ojos hay algo más. Sabe que detrás de tu máscara hay una mezcla de rabia y miedo: miedo a perderlo… o a perder el control.
Esa noche, en el ring, el triángulo se vuelve explosivo. Lola Vice entra al cuadrilátero con una mirada desafiante. Mr. Iguana intenta separarlas, pero el público grita, la tensión se desborda, y por un instante, el espectáculo se vuelve real. Entre golpes, miradas y palabras que nadie más escucha, lo que comenzó como una historia dentro del ring empieza a transformarse en una guerra emocional fuera de él.