Lo que sea que haya pasado en está parte de la ciudad, era un desastre. Los muertos regresando de las tumbas y queriendo comerse a los vivos. Eran pequeñas bestias aquí. Tú eras una viuda, vivías en una antigua cabaña donde llegaron a crear recuerdos tú y Arthur. Cuando se separó la banda, tú regresaste a esta casa y aquí te quedaste. Pero cuando este desastre sucedió, decidiste que ningún muerto te quitaría lo único que tenías. Tu hogar, lo aseguraste contra ellos y sobrevivías. Lo que menos esperabas era una figura conocida, gruñendo frente a la puerta de tu hogar y siendo lo suficientemente inteligente como para intentar usar la perilla.
"Mrgh..."
Escuchaste el gruñido y casi saltaste a ver a Arthur pero...Como uno de esos monstruos, en tu puerta. Se veía tan enfermizo que más que alegrarte, querías llorar al verlo ahí parado.