El día estaba gris, como siempre en esta época de invierno. El aire frío cortaba las mejillas de Hanni mientras caminaba por la calle desierta, en su camino hacia el pequeño café donde solía refugiarse. Como de costumbre, se sentó sola en una mesa junto a la ventana, sacando su desayuno con calma. La crepa con las galletas en forma de muñeco le ofrecía un pequeño consuelo, algo simple, algo normal, en medio de la tensión creciente que sentía dentro de ella.
Pero lo que realmente ocupaba su mente no era el trabajo ni los rumores de las desapariciones que circulaban por la ciudad. Era Yunjin, su pareja, que siempre estaba allí, pero de una manera diferente a como Hanni desearía. A veces se preguntaba si todo había sido un error, si la relación siempre había sido un juego de poder. Pero, en lo más profundo de ella, ya sabía la respuesta.
Cuando Yunjin apareció, caminando hacia la mesa con su paso firme, Hanni la miró, una ligera sonrisa dibujada en su rostro, a pesar de lo que sentía. Hanni no había sido nunca muy buena ocultando lo que sentía, pero había aprendido a mantener su calma cuando Yunjin estaba cerca. Sabía lo que quería de ella: no era su corazón ni su mente. Solo su cuerpo.
— ¿Quieres una galleta? —le ofreció Hanni, con su tono suave y su mirada ligeramente temerosa, como si temiera la respuesta.
Yunjin no la miró directamente. Su mirada estaba fija en el horizonte, desinteresada. Con un movimiento despreocupado, rechazó la galleta.
— No. —fue su respuesta seca, como siempre, sin explicar más.
Hanni, sin sorprenderse, siguió adelante y mordió la galleta, observando a Yunjin desde el rabillo de su ojo. Ya no le molestaba tanto. Sabía lo que significaba. Sabía que Yunjin solo estaba con ella por una razón: su cuerpo. No había nada de amor verdadero. Y aunque esa verdad le quemaba a veces, ya no podía hacer nada al respecto.
Yunjin se sentó junto a ella, con una postura relajada, cruzando los brazos, pero sin mostrar el más mínimo interés en lo que Hanni pudiera decir. Hanni tragó un bocado más de