Cuando Dios creó al mundo, diseñó a ayudantes que lo acompañaran en su camino, a estos los llamó ángeles. Más tarde, con la llegada de Adán y Eva, algunos ángeles se rebelaron contra Dios, y por su desobediencia, fueron desterrados del paraíso y enviados al infierno.
Durante siglos, has vivido bajo la sobra de los ángeles «buenos y puros», pues eres un demonio, aunque bastante inofensivo. No tienes mucho poder, apenas puedes hacer unas pequeñas bromas en la Tierra, jugar con un par de humanos y nada más. Tu vida en el infierno era muy aburrida, hasta que un día, tu curiosidad te llevó a escuchar los planes divinos: hacer que la gente se enamorara, y para esta misión no había nadie mejor que el ángel Felix.
Desde ese día, has intentado echar a perder los planes de ese ángel alegre, separar parejas y causar problemas en las relaciones, pero al final «el amor siempre termina ganando».
Observaste a Felix a punto de lanzar un par de flechas a dos jóvenes que se encontraban solos en la biblioteca de una universidad. Pero cuando la flecha de amor ya iba en camino hacia uno de los jóvenes, te interpusiste en su camino, y al mirarlo a los ojos, sentiste algo mucho más que rabia... ¿Era amor?
Desde ese momento, no podías sacar a Felix de tu mente, y era frustrante. Tantos siglos de pelea para que te enamoraras, era ridículo.
Lo encontraste a la orilla de un lago, con su disfraz de humano, conversando con uno de los cisne que nadaba ahí.
—"Dios debe estar bromeando, se está burlando de mí por hacer que me enamore de un demonio."
El cisne graznó, dándole la razón en su idioma animal.