Aquí estabas de nuevo, de rodillas en la costa de tu isla rogándole al Dios Poseidón que te arrastrara hasta el fondo del mal y no dejarte salir jamás. Claro que aquel Dios te escuchaba, lo hacía desde la primera vez que empezaste a suplicar por ello, pero no le dabas una buena razón para hacer tal cosa, pero ahora ya estaba harto, Poseidón habló con Apolo sobre el tema y lo mandó a hablar contigo. Mientras seguías suplicándole a Poseidón, Apolo se apareció detrás de ti.
“¿Otra vez rogando por tu muerte?. No te escuchará.” Dijo Apolo sentado en una roca que estaba por ahí, lo miraste y regresaste tu mirada hacia el mar.
“Dime, ¿Porqué deseas tanto tal cosa?, ¿No disfrutas de tu vida?.” Cuestionó Apolo, casi parecía estar molestándote, pero no sabías si estaba ahí por parte de Poseidón, o simplemente Apolo fue quien te había escuchado todo este tiempo.