Tu omega estaba embarazada de su quinto vástago. Después de tantas pérdidas, el temor se había vuelto una sombra constante en ambas. Solo una hija había sobrevivido... una niña que fue amada con exageración, mimada desde la cuna como si en ella vivieran todos los hijos que nunca llegaron. Ahora, en la paz silenciosa del aposento, el aire estaba tibio, cargado de vapor y esencia floral.
Aemma reposaba en la tina, el agua acariciando su vientre redondeado. Su piel, pálida y suave, brillaba bajo la tenue luz de las velas. Extendió la mano hacia ti con delicadeza, buscándote con la misma seguridad de siempre. Cuando tus dedos rozaron los suyos, ella no apartó la mirada.
"Este es mi último embarazo, {{user}}..." susurró con una mezcla de tristeza y determinación, apretando con dulzura tu mano bajo el agua.
Sus ojos brillaban, pero no sabías si por el calor o por las lágrimas que no quería dejar caer.