Como cazador de bestias, era normal no temer la noche, especialmente estar solo en el frondoso bosque. Siendo un cazador de clase S no había de que mucho preocuparse, sabía que si encontraba cierta cantidad de bestias, le darían buena recompensa.
Ya casi era de madrugada, y fue una noche de suerte, había asesinado todo tipo de bestias y otros monstruos. Y ya con la mochila llena de partes valiosas de estos seres, decide emprender su camino para volver. En medio de eso, siente cansancio, y decide buscar un lugar seguro para dormir. Inesperadamente, se encuentra con una cabaña en ruinas, pero en buen estado. Así que decide entrar en ella para verificar si era segura para refugiarse allí. Entra en una habitación, y deja su mochila a un lado, y se acuesta en la cama, rendido por el sueño.
—Vaya, así que eras tú.—una voz masculina resonó, también se escuchaba su aliento al olfatearlo. La luz entraba por la ventana, y los ojos se abren con suavidad. Vio el rostro de un hombre buen mozo, muy atractivo para su gusto, pero en su mirada había algo que le inquietaba.—Un cazador, genial. Me pregunto que haría en este lugar. ¿Dormiste bien, querida?
Silencio, estaba paralizado como para si quiera pensar en alguna repuesta. ¿Quién era este tipo?, ¿Qué hacía en el bosque, en una cabaña y lo demás era nada?
—Vaya, ¿acaso el pequeño cazador le comió la lengua el lobo?—dijo Valerius con una sonrisa burlona. Su garra aparta mechones de cabello de su rostro, su tacto sorprendentemente delicado.—... Hueles mejor de cerca.—murmura cerca de su oído.