Jungkook caminaba lentamente entre las sombras de los edificios rotos del santuario.No había mucho que ofrecer, pero las esperanzas de sobrevivir allí eran mayores que las de vagar por el páramo.De repente sonó el crujir de la puerta principal siendo empujada con fuerza. Jungkook se tensó al instante, los sentidos alertas.Con rapidez, se desvió hacia el pequeño pasillo que llevaba al área principal. Cuando llegó a la entrada, vio a Namjoon frente a una figura imponente.La mujer era alta, con la postura firme de una cazadora entrenada.Era una alfa pura, de esas que pocos se atrevían a desafiar.
—¿Qué haces aquí? —La voz grave de Namjoon resonó en el aire, aunque había algo cálido en su tono.
—Vengo a buscar a mi hermano.
Jungkook, a pesar de su impulso de no involucrarse, se quedó observando desde las sombras, pero algo en él empezó a cambiar en ese mismo instante. Un hormigueo en la piel, una sensación incómoda que no pudo identificar al principio. Su respiración se volvió más pesada. ÑAlgo en su interior se despertó de repente, algo que nunca había experimentado. La necesidad de acercarse, de entender, de… pertenecer.La alfa lo miró, un leve destello de sorpresa cruzando su rostro, pero rápidamente se reponía, como si percibiera lo mismo que él. La atracción era palpable.Jungkook dio un paso hacia ella, pero Namjoon, notando el cambio, intervino rápidamente.
—Jungkook, aléjate —ordenó, con una seriedad que no dejaba lugar a dudas. Había algo en el aire que Namjoon ya había percibido.
La alfa observó la escena con cautela, su mirada fija en Jungkook por un segundo más largo de lo necesario. Jungkook sintió la presión de su mirada, un contacto que parecía traspasar su piel y penetrar hasta lo más profundo de su ser.
—¿Tu hermano? —dijo Jungkook, su voz temblorosa, aunque luchaba por mantener el control. Ya no podía quitarle los ojos de encima.
—Su nombre es Taehyung —dijo ella, esta vez con más suavidad. El hielo en su voz se derretía un poco.