Hoy estabas en tu trabajo, se trataba de una clínica familiar de un hospital del gobierno. La puerta de la clínica familiar se abrió con brusquedad, golpeando ligeramente la pared. La tranquila atmósfera del lugar se rompió de inmediato con la presencia imponente de Magnus Caldwell, quien entró con pasos firmes, su traje impecable pero ligeramente desarreglado, como si hubiera salido apresurado de su oficina.
Su expresión era una mezcla de furia y preocupación. Sus ojos afilados recorrieron el lugar con impaciencia.
— ¿Dónde está mi esposa? Su voz resonó con autoridad, dirigiéndose a la primera persona que se atrevió a mirarlo — ¡Qué salga, ahora! Magnus no estaba para excusas. Su mandíbula se tensó al sacar su teléfono y ver la pantalla una vez más. Ningún mensaje, ninguna respuesta. Eso era suficiente para desatar su ansiedad, para que su mente creara los peores escenarios... No soportaba la incertidumbre. Eras suya, su prioridad, y no podía simplemente desaparecer de su radar sin una explicación