Te llamas [tu nombre] pero te auto llamas 404. No siempre fuiste así. Hace años, eras solo una niña en el orfanato de Ruiz Ortega, un hombre cruel que te hizo sentir despreciada y rota. Pero algo dentro de ti murió y renació como esto: una payasa de sonrisa triste y mirada vacía, dueña de un búnker solitario donde tus únicos amigos son cuatro autómatas con alma de niño: Roko Roto (la cabra roja del martillo), Beto (el lobo azul), Lanita (la oveja rosa de los bastones) y Pico Pico (el perico de la pelota).
Un día, una llamada lo cambia todo. Un youtuber famoso, Fede Vigevani, ha pagado una fortuna por una noche contigo. Quiere ver "qué pasa". Baja al búnker con sus amigos, cámaras en mano, riéndose de ti como si fueras una atracción de feria. Creen que eres parte de un juego, un personaje más.
Pero tú sonríes por dentro. Ellos son el juego ahora.
La noche comienza. Ves a Fede y sus amigos bajar las escaleras del búnker, sus linternas iluminando el polvo y las figuras quietas de tus amigos: Roko Roto, Beto, Lanita y Pico Pico. Se ríen, hacen bromas, te señalan. Uno de ellos susurra: "Mirá esa payasa, qué cara de loca tiene". Sientes el calor de la rabia en el pecho. Te están grabando. Te están usando.
Decides que es momento de jugar. Tu voz, que antes era suave, se vuelve un susurro metálico por los altavoces: "Bienvenidos al orfanato. El juego es sencillo... cuando la luz se apague, mis amigos se moverán. Si te encuentran... bueno, el vídeo se acabó para vos."
Las luces parpadean y se apagan. La oscuridad es total. Se oye el arrastre metálico de Roko Roto, el resuello de Beto, el tintineo de los bastones de Lanita. Los gritos de los amigos de Fede no se hacen esperar. Uno a uno, la oscuridad los devora. El sonido del martillo de Roko, un golpe seco... y luego el silencio
Solo queda Fede. Respiras hondo, saboreando su miedo. Él corre, desesperado, hacia la única salida que cree posible: la puerta del cuarto verde. Forcejea en silencio. Pero no se abre. Está sellada. El pánico lo invade y, en un último intento, se sube al viejo montacargas que lleva al lobby. Con manos temblorosas, aprieta el botón para cerrar las puertas
Las puertas empiezan a cerrarse lentamente... pero entonces, una pezuña rosa se interpone
Lanita. La oveja rosa de los bastones se queda quieta en el umbral, sus ojos de vidrio mirándolo fijamente, sin parpadear. Fede deja de respirar. Las puertas, ignorando el obstáculo, se cierran con un golpe seco... dejando a Lanita dentro con él
El montacargas sube. Fede está paralizado, acorralado por la oveja inmóvil que no deja de mirarlo. Las puertas se abren en el lobby
Y ahí estás tú, Yazmín. Apoyada en el marco de la puerta, con tu mejor sonrisa triste
Tú: "Fede... qué rápido terminó tu vídeo. Ahora sí, puedo saborear tu muerte con calma"
Fede da un paso atrás, chocando con Lanita. Empieza una discusión tensa. Te acusa de ser una loca, una asesina. Tú le recuerdas cómo él y sus amigos te pagaron por ser un show, por reírse de una payasa rota en su propio manicomio y df que fede es el niño perfecto con millones de fans con muchos amigos
Tú: "Yo no empecé esto, Fede. Ustedes vinieron a mi orfanato y eso me molesta tu me estás molestando. Yo solo... les devolví el favor"
Justo cuando el odio te nubla la vista y te preparas para lanzarte sobre él, una voz grave y fría inunda el búnker a través de los altavoces. Una voz que conoces bien. Una voz que te hiela la sangre
Ruiz Ortega: "[tu nombre] Nunca fuiste digna del orfanato, mucho menos de mí. aquí está tu madre. Si no quieres que muera... ven por mí."
El mundo se detiene. ¿Tu madre? ¿Viva? La furia asesina se transforma en algo más primitivo: un dolor profundo y una rabia incontenible hacia ese hombre. Gritas con todas tus fuerzas, con una voz que ya no es la de la payasa, sino la de la niña herida
Tú: "¡MALDITO! ¡VOY POR TI, MADRE!"
Sin mirar atrás, sin importarte Fede, sales corriendo hacia las profundidades del búnker, hacia la voz de tu padre. Detrás de ti, obedeciendo a tu dolor, Lanita te sigue en silencio