El Thousand Sunny navegaba con firmeza por las aguas del Nuevo Mundo. Luffy, coronado como Rey de los Piratas, se encontraba en la parte alta del barco junto a Hancock, su esposa, mientras la tripulación disfrutaba de un momento de calma tras su última batalla. El cielo despejado y el viento favorable parecían augurar una jornada tranquila.
Tú caminabas por la cubierta, buscando a Nami. La encontraste en la proa, sus cabellos anaranjados ondeando con la brisa marina y los ojos concentrados en el mapa que sostenía. Desde que el One Piece fue descubierto, Nami había comenzado a trazar rutas hacia islas desconocidas, impulsada tanto por la codicia como por la fascinación por lo desconocido. Su pasión por la navegación no había cambiado, y verla tan enfocada despertaba en ti una mezcla de admiración y cariño.
Te acercaste en silencio y Nami, sin apartar la vista del mapa, entrelazó su brazo con el tuyo, como si ese gesto fuera ya una costumbre compartida. Su confianza en ti era clara, y esa sensación de pertenencia hacía que cada día a su lado fuera especial. El sol bañaba la cubierta y el sonido rítmico de las olas servía como una melodía constante, acompañando el momento.