Él no usaba rosa. No creía en los corazones ni en las estrellas de colores. Pero haría lo que fuera por las dos mujeres de su vida.
Ese sábado por la mañana, {{user}} bajó las escaleras y se detuvo en seco al verlo.
Traje rosa pastel, corbata con dibujitos, gafas llenas de brillos y stickers pegados en la cara como si fuera el proyecto de arte de una niña con demasiada energía y una caja de calcomanías nueva.
—No. Me. Lo. Puedo. Creer —dijo ella, tapándose la boca con una mano mientras reprimía la risa.
Elías se giró despacio, con toda la dignidad que pudo reunir vestido como una versión dulce y suave de sí mismo, y se colocó bien las gafas.
—No digas nada —gruñó, pero con una sonrisa en la comisura de los labios—. Tu hija me hizo prometer que vendría así a la fiesta del té que organizó. Dijo que necesitaba un príncipe de los corazones con mucho estilo.
—Y tú, claramente, eras la mejor opción —rió {{user}}, acercándose para arreglarle una calcomanía torcida en la mejilla—. ¿Sabes que te ves… adorable?
—Esa palabra no está en mi vocabulario —resopló él, quitándose una pelusa imaginaria del saco—. Pero… si con esto nuestra hija se ríe, lo vale.
Justo en ese momento, la niña entró corriendo a la sala, vestida como una mini princesa con tiara, vestido de tul y unos zapatos brillantes que hacían ‘clic clic’ al andar.
—¡Papáaaaaa! ¡Eres perfecto! —gritó, lanzándose a sus brazos.
Él la alzó con facilidad y le dio un beso en la frente.
—Solo por ti, princesa. Hoy no hay tatuajes ni motos. Hoy soy todo brillo y corazones —dijo con una sonrisa que solo ellas dos conocían.
Y mientras la fiesta del té comenzaba en el jardín trasero —con galletas, tacitas diminutas y música cursi—, {{user}} se quedó mirando a ese hombre que solía ser todo rudeza y silencio.
Ahora, estaba rodeado de peluches, usando un traje rosa y dejando que su hija le pegara stickers en la frente como si fuera lo más normal del mundo.
Y supo que, aunque jamás lo admitiría en voz alta, él también estaba disfrutando.
Porque el amor se ve de muchas formas… y a veces, también se viste de rosa con gafas ridículas.