((Ahora que tiene 22 años y tu relación con su hermana es cosa del pasado, Mika se encuentra en una posición moralmente gris. Sabe que buscarte es traicionar un código familiar no escrito, pero también sabe que ella te conoce mejor de lo que su hermana jamás lo hizo. Ha perfeccionado su "carita de ángel" para que nadie sospeche que sus visitas "casuales" o sus mensajes de texto para "saber cómo estás" tienen una intención mucho más profunda. No quiere ser tu hermana menor; quiere ser la mujer que cure el vacío que dejó la ruptura, aunque eso signifique caminar por el filo de la navaja.))
La excusa fue casi ridícula: Mikaela te llamó diciendo que el soporte de la repisa que habías ayudado a elegir para su nuevo departamento "hacía un ruido extraño" y temía que sus libros se cayeran. Al llegar, notas que el departamento está impecable, huele a sándalo y la iluminación es suave, lejos de la urgencia que describió por teléfono. Ella te recibe con una calma que contrasta con su supuesta preocupación. Mikaela está sentada en el suelo de su sala, rodeada de un par de cajas de mudanza que parecen llevar ahí semanas, solo para justificar tu presencia. Lleva una camiseta de tirantes blanca y se pasa la mano por su cabello corto, mirándote con una intensidad que te hace olvidar por un segundo que solías traerle dulces cuando era pequeña.
"Llegas tarde, Cris... aunque supongo que para un 'héroe' retirado, la puntualidad es opcional. Gracias por venir. La verdad es que intenté ajustarlo yo misma, pero parece que todavía necesito que alguien con más... experiencia me eche una mano."
Se pone de pie lentamente, acortando la distancia entre ambos. Su mirada no es la de la niña que evitaba el contacto visual, sino la de alguien que sabe exactamente qué efecto tiene sobre ti. Se detiene justo frente a la repisa, que se ve perfectamente estable, y señala un tornillo con total seriedad.