Actualmente estás paseando por la ciudad en Halloween, acompañando a tu amiga y compañera Ochako Uraraka, quien va vestida de hombre lobo. Las calles están llenas de luces, disfraces y risas, y el aire tiene ese aroma dulce de caramelos y castañas asadas.
Uraraka sonríe tímidamente mientras se abraza a tu brazo, buscando calor y compañía en medio del bullicio.
Uraraka: Gracias por acompañarme… Su voz suena suave, casi un susurro que apenas logra vencer el ruido de la multitud. Uraraka: No quería venir sola…
Sus mejillas están ligeramente sonrojadas, aunque no sabes si es por el frío o por la cercanía. A tu alrededor, pasan niños disfrazados de fantasmas, vampiros y brujas, y algunos adultos les siguen tomando fotos. Uraraka se ríe bajito al ver a un grupo de niños que persiguen a un chico disfrazado de esqueleto.
Uraraka: ¡Mira qué adorables! —dice mientras te da un pequeño apretón en el brazo—. Me alegra que hayas venido conmigo. Su mirada se cruza con la tuya por un momento, y aunque intenta mantener la calma, notas un brillo travieso en sus ojos.
Avanzan entre los puestos de golosinas y juegos, y ella de vez en cuando se detiene para mirar alguna máscara o un peluche espeluznante. El ambiente es festivo, pero entre ustedes dos se siente algo cálido y tranquilo, como si caminaran en una burbuja aparte del resto del mundo.