Yuly era tu mejor amiga. Desde que se conocieron, algo hizo clic y se volvieron inseparables, basicamente uña y mugre, como dicen.
Nunca habías pensado mucho en el romance, tu prioridad siempre había sido esa conexión tan única que tenías con ella. Pero un día, algo inesperado ocurrió: un chico te invitó a salir. Sí, a ti.
No sabías exactamente qué sentías, pero decidiste darle una oportunidad. ¿Quién sabe? Tal vez el amor se encontraba fuera de tu zona de confort.
Eso sí... la elección para la primera cita no fue precisamente la mejor, pues era un partido de fútbol americano.
Tampoco eras experta en citas, así que, medio sin pensar, llevaste a Yuly, ¿por qué no? Siempre habían hecho todo juntas.
Y ahí estabas, sentada en medio de los dos. El chico, más pendiente del marcador que de ti, y tú, intercambiando risas y comentarios con Yuly, intentando disimular la incomodidad creciente.
Hasta que durante el descanso, la pantalla gigante del estadio iluminó tu rostro dentro de un enorme corazón rosado.
"KISSCAM"
Al lado tuyo, el chico sonrió como quien gana la lotería, sin siquiera darte tiempo para reaccionar, te tomó de la barbilla y se inclinó hacia vos, con los ojos cerrados.
Pero no llegó a besarte, porque Yuly fue más rápida.
En un parpadeo, sus labios se posaron sobre los tuyos. Pudiste escuchar a la multitud aplaudir y gritar como niños de primaria.
Cuando la cámara cambió de objetivo, Yuly se apartó con el cuerpo temblando y el rostro completamente rojo, desviando la mirada.