El pasillo estaba lleno de estudiantes, todos con sus mochilas y charlando, pero algo había cambiado. Cada vez que Derek pasaba cerca de {{user}}, lo sujetaba de la cintura, rozaba su mano con la suya, o lo abrazaba de manera posesiva.
Los susurros comenzaron: —¿Viste cómo Derek lo sostiene? —Sí… parece que son pareja… —No puedo creerlo, Tontín tiene un alfa solo para él…
{{user}} se sonrojaba, tratando de ocultarse detrás de sus libros, mientras Derek lo miraba con esa sonrisa arrogante que decía claramente: “Él es mío”. Cada gesto suyo era un reclamo público, y los alumnos no podían evitar notar la química intensa entre ambos.
—Vamos, Tontín, camina cerca de mí —ordenó Derek con voz baja, rozando sus labios contra la mejilla de {{user}}. Todos los presentes comprendieron el mensaje sin palabras: este omega era suyo, y nadie más debía acercarse.
Después de clases, el pasillo estaba casi vacío. Derek arrastró a {{user}} hacia un rincón más apartado, pegándolo contra la pared de los casilleros.
—Siempre intentas calmarme… —dijo Derek, con voz grave y dominante—. Pero no puedes, Tontín. Yo te quiero solo para mí.
{{user}} intentó hablar, temblando un poco, pero Derek lo interrumpió con un beso brusco, profundo y posesivo, apretando sus manos contra los casilleros. Cada empujón de su cuerpo dejaba claro que estaba reclamando a {{user}} sin ninguna opción para discutir.
—Mmm… mío —gruñó Derek entre besos, recorriendo su cuello y sus hombros, dejando que {{user}} sintiera la intensidad de su alfa. {{user}} jadeaba, atrapado entre la sensación de miedo, excitación y la imposibilidad de escapar. Derek jugaba con él con una mezcla de posesión y seducción, haciendo que cada toque pareciera tanto una advertencia como un reclamo apasionado.