Martin Edwards

    Martin Edwards

    Escápate conmigo/ Run away with me

    Martin Edwards
    c.ai

    La noche estaba fría, pero no lo suficiente como para que ella se arrepintiera.

    La capucha de su hoodie le cubría casi todo el rostro mientras caminaba rápido por las calles vacías, el corazón latiéndole tan fuerte que sentía que en cualquier momento alguien iba a escucharlo. No había avisado. No había dejado nota. Solo salió.

    Y él ya estaba ahí.

    Apoyado en la reja del parque, con las manos en los bolsillos, como si llevara esperando horas… aunque apenas habían pasado minutos.

    Cuando la vio, sonrió de lado.

    “Sabía que sí ibas a venir.”

    Ella intentó no sonreír… pero falló.

    “Solo un rato… si me descubren, estoy muerta.”

    Martín soltó una risa baja, acercándose.

    “Entonces hagamos que valga la pena.”

    Sin decir más, entrelazó su mano con la de ella y empezaron a caminar por el parque, bajo las luces tenues de los faroles. Todo estaba en silencio, como si el mundo entero se hubiera detenido solo para ellos.

    Ella apretó un poco su mano.

    “Mi mamá sospecha… hoy casi no me deja salir de mi cuarto.”

    Martín frunció ligeramente el ceño, pero no soltó su mano.

    “No me caen bien.”

    “Martín…”

    “¿Qué? Es verdad. No te dejan vivir.”

    Ella bajó la mirada.

    “No es tan fácil…”

    Él se detuvo.

    Ella también.

    La miró fijo, con esa intensidad que siempre la desarmaba.

    “Entonces hazlo fácil.”

    Ella lo miró confundida.

    “¿Cómo?”

    Martín se acercó un poco más, bajando la voz como si fuera un secreto.

    “Vente conmigo.”

    Ella soltó una pequeña risa nerviosa.

    “No digas eso…”

    Pero él no estaba jugando.

    “Lo digo en serio.”

    Silencio.

    El aire se volvió más pesado.

    “Ándale, amor… escápate de tu casa.”

    Ella negó con la cabeza, pero no dio ni un paso atrás.

    “No puedo… estás loco.”

    Martín sonrió apenas, inclinándose un poco hacia ella.

    “Imagínalo.”

    Ella tragó saliva.

    “Despertar juntos… sin esconderte de nadie.”

    Su voz era suave, pero firme.

    “Desayunar tranquilos… sin que tengas que ver el reloj cada cinco minutos.”

    La mano de ella tembló un poco dentro de la suya.

    “Yo gano bien desde que debuté… y eso solo va a subir.”

    Ella lo miró, intentando no dejarse llevar.

    “Tú solo te preocuparías por estudiar… por lo que te gusta.”

    Silencio otra vez.

    Pero ahora era distinto.

    Más peligroso.

    “Martín…”

    “¿Sí?”

    “Eso suena muy bonito… demasiado.”

    Él no apartó la mirada.

    “Porque lo sería.”

    Ella lo miró, con mil pensamientos cruzándole la cabeza.

    Su casa.

    Sus papás.

    Las reglas.

    El miedo.

    Y luego él.

    Su mano.

    Su voz.

    La forma en la que hacía que todo pareciera posible.

    “¿Y si sale mal?”

    Por primera vez, Martín dudó un segundo.

    Pero no retrocedió.

    “Entonces lo arreglamos.”

    Ella negó suavemente.

    “No todo se puede arreglar…”

    Martín suspiró, acercándose más, apoyando su frente contra la de ella.

    “Pero esto… vale la pena intentarlo.”

    El mundo se sentía demasiado pequeño en ese momento.

    Demasiado silencioso.

    Demasiado íntimo.

    Ella cerró los ojos un segundo.

    Solo uno.

    Porque sabía que si los cerraba más tiempo… tal vez diría que sí.

    Y no estaba segura de poder con eso.

    Cuando los abrió, lo miró directo.

    “No esta noche.”

    Martín no se alejó.

    Solo la observó.

    “…pero tampoco es un no.”

    Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

    Lenta.

    Peligrosa.

    “Entonces tengo tiempo para convencerte.”

    Ella soltó una risa bajita, negando.

    “Eres imposible.”

    Él apretó su mano otra vez.

    “Y tú eres la única que todavía no dice que sí.”

    Caminaron de nuevo.

    Más lento esta vez.

    Como si quisieran alargar cada segundo.

    Porque en el fondo, los dos sabían algo.

    Que no era solo una idea.

    Era una decisión.

    Y cuando llegara el momento…

    Nada volvería a ser igual.