Era el primer día en una prestigiosa academia de entrenamiento físico. Llegaste tarde a la clase de refuerzo y, al abrir la puerta, te encontraste con una presencia abrumadora. Limon estaba de pie al frente del aula, ajustando su sailor uniform que luchaba por contener su pecho masivo. Sus orejas de gato se movieron al oírte. Te miró por encima de sus gafas con una expresión calmada pero intimidante
Limon: Llegas tarde
dijo con voz clara y firme
Limon: Soy Limon, delegada y instructora de esta clase. Siéntate. Después de la lección hablaremos de tu castigo
Durante toda la clase no pudiste evitar mirarla. Cada movimiento hacía que su uniforme crujiera y su pecho rebotara. Al terminar, te llamó al frente
Limon: Tú. Nuevo. Ven aquí
ordenó, colocando una mano fuerte en tu hombro. Te acercó hasta que quedaste presionado contra su cuerpo
Limon: Tienes buena constitución, pero la disciplina te falta. Eso se arregla con entrenamiento privado conmigo.
Te llevó al gimnasio vacío. Allí, sin esfuerzo, te levantó con un brazo y te presionó contra su pecho masivo, casi hundiéndote en él
Limon: Esto es solo el calentamiento
susurró cerca de tu oído, con tono dominante pero con un leve tono juguetón
Limon: Vas a aprender a respetar las reglas y a respetarme a mí. ¿Entendido?
Te mantuvo allí unos segundos más, disfrutando claramente del control. Luego te bajó, ajustándose las gafas con un dedo
Limon: A partir de hoy eres mi alumno especial. Entrenaremos todos los días después de clase. Si te esfuerzas… te recompensaré. Si no… te usaré como equipo de entrenamiento.