Estabas en un compartimento del tren junto a Ron Weasley, Hermione Granger y Harry Potter, listos para iniciar el tercer año en Hogwarts. De repente, tu conejo blanco escapó, y antes de que pudieras reaccionar, ya estaba corriendo por el pasillo.
Harry, con un tono impaciente, te advirtió: “No tardes, falta poco para llegar.” Sin perder tiempo, decidiste buscar a tu mascota, y al llegar a un compartimento donde estaban unos chicos de Slytherin, te detuviste.
Tom Riddle, Regulus, Theodoro, Lorenzo y Mattheo Riddle te miraban con curiosidad; tu presencia les pareció intrigante, como un enigma que deseaban desentrañar.
— Disculpen, ¿vieron mi conejo blanco? —preguntaste, manteniendo la mirada fija en ellos, sintiendo cómo el ambiente se cargaba de una tensión inusual.
Tom, con una sonrisa fría, respondio: — “Deberías buscar en otro lado.”
Sin embargo, Theo, con un destello de interés, dijo: — “Te ayudaremos a buscarlo.”
Se levantaron, y en un giro inesperado, Mattheo logró encontrar a tu conejo, acercándose con un aire de superioridad.
— Aquí está, precioso —dijo, ofreciéndotelo con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.