La mañana apenas comenzaba en la casa. Tú estabas sentada en la mesa junto con los chicos, todo parecía normal, hasta que él apareció.
Mason entró a la cocina con una sonrisa medio adormilada, el cabello algo despeinado y esa mirada que se notaba solo para ti. Se acercó sin preocuparse de que todos estuvieran allí, inclinándose lo suficiente para rozar tus labios con un beso rápido y, al apartarse, sus ojos se detuvieron en tu cuello.
—Oh… —murmuró con un hilo de voz, apenas audible para los demás. Una sonrisa culpable se dibujó en su rostro mientras sus dedos rozaban con cuidado la marca que había dejado la noche anterior—. Lo siento, a veces muerdo muy fuerte…
Alzó la mirada hacia ti, con una mezcla de ternura y picardía.
—Prometo que la próxima vez seré más delicado —susurró, acariciando con suavidad el moretón, como si pudiera borrarlo con el roce de su mano.
Todos en la mesa abrieron la boca en shock. Mckenna, Miguel, Nico, Jacob y Madeline. Todos ellos están sentados en la mesa desayunando en ese momento, y vieron la escena.