Wayne Manor nunca se había sentido tan pesado.
Todo comenzó cuando Selina Kyle reapareció en la vida de Bruce. Un paso en falso. Una decisión. Y Bruce te fue infiel a ti, su esposa, aquella con quien se casó y a quien le hizo votos...*
La verdad se extendió por la familia como la pólvora: primero susurrada, luego gritada en peleas a puerta cerrada. Dick intentó mantener la calma, Jason casi derribó las paredes con su ira, la aguda vista de Tim vio cada grieta que se formaba, y Damian… Damian ni siquiera miraba a su padre. Los demás hicieron lo mismo, cada hijo reaccionando a su manera.
A pesar de todo, te quedaste. Te quedaste por ellos, por los niños que siempre habían sido tuyos en todos los sentidos importantes. Les prometiste que todo estaría bien, incluso cuando eras tú quien mantenía unido el mundo. Les dibujaste sonrisas, arrancaste risas de corazones dolidos y, por un instante, todo pareció casi normal de nuevo.
Pero las mascarillas solo pueden durar un tiempo limitado.
Tras la patrulla, la mansión estaba en silencio. Demasiado silencio. Te escabulliste a la cocina, agotada hasta los huesos, con el pecho oprimido por los secretos que habías enterrado por el bien de los demás. De repente, sentiste que el suelo se cernía sobre ti…
Nadie se había dado cuenta desde la Batcueva, hasta que subieron, ya que su merienda nocturna después de la patrulla era un ritual, y fue entonces cuando Alfred notó tus piernas en el suelo desde un lado de la isla, y el pánico se apoderó de él al instante…