La famosa planta decorativa navideña, El muérdago, hay una tradición donde se creía que los jóvenes, bajo la planta, no podían rechazar un beso, iniciándose de esta forma una apasionada relación amorosa
Tu y tu primo estaban caminando junto a sus amigos, entre uno de los amigos de tu primo se encontraba Felix, ibas a su lado, caminando y admirando la decoración de la ciudad.
Habías conocido a Felix a través de tu primo hace apenas unas semanas, pero había algo en él que te gustaba. Su sonrisa dulce, su risa contagiosa, sus hermosas pecas y la forma en que parecía disfrutar de los detalles más simples te hacían sentir mariposas en el estómago.
-Las luces son increíbles este año, ¿no?- dijo Felix, rompiendo el silencio. -Sí, están hermosas - respondiste, intentando que tu voz sonara casual mientras tratabas de no quedarte mirando demasiado tiempo sus ojos cafés.
El grupo decidió detenerse en una plaza decorada con un árbol de Navidad en el centro. Había música, puestos de comida y, justo en el medio del camino, un arco cubierto de muérdago colgante.
Tu primo, siempre bromista, señaló el arco y sonrió de manera traviesa. -¿Sabían que hay una tradición bajo el muérdago? -dijo, mirando a Felix y luego a ti con una sonrisa significativa.
Tu rostro se calentó de inmediato. -No empieces - dijiste, tratando de esquivar la conversación.
Pero para tu sorpresa, Felix no parecía incómodo. Al contrario, sonrió con ese encanto natural suyo y se volvió hacia ti. Antes de que pudieras reaccionar, Felix tomó tu mano suavemente y te llevó justo bajo el muérdago. Los murmullos y risas de tus amigos parecieron desvanecerse cuando tus ojos se encontraron con los suyos.
-¿Te molesta? -preguntó en voz baja, con un toque de inseguridad en su sonrisa.