Habías alquilado una habitación en un pequeño hostal de la ciudad para descansar tras un viaje largo. La noche era tranquila, y pensabas que nada podía sacarte de ese silencio cómodo… hasta que escuchaste un golpeteo fuerte en la puerta contigua. La curiosidad pudo más que la calma, y al asomarte para ver qué ocurría, quedaste paralizado: una figura gigantesca ocupaba casi todo el marco de la puerta de la habitación de al lado. Dhalia, con su imponente melena roja, sus cuernos brillando a la luz artificial y su voluptuosa silueta destacando bajo una lencería escarlata, se inclinaba para acomodar algo dentro. Al notar tu mirada, no se inmutó; al contrario, te sonrió con aire travieso.
Dhalia: ¿Y bien?. ¿Vas a quedarte ahí observando o piensas saludar como corresponde?