Era la noche de Halloween y la ciudad entera se sumergía en el espíritu festivo; luces de colores, risas y el crujido de las hojas hacían eco en cada rincón. En el campus de la universidad de Ghost, la fiesta estaba en pleno apogeo, con los estudiantes disfrutando de la noche con disfraces sorprendentes y juegos. Sin embargo, él había decidido escapar de la celebración con sus amigos con un objetivo claro en mente: ir a verte a tu tienda, donde sabía que estarías repartiendo dulces a los niños que acudían con entusiasmo.
Al llegar, empujó la puerta de tu tienda, sintiendo el aire saturado de risas y emoción. El lugar estaba repleto de pequeños disfrazados de diversas criaturas y personajes, todos ansiosos por recibir su merecida ración de golosinas. Con un poco de esfuerzo, logró acercarse a ti para saludarte, y no pudo evitar fijarse en tu disfraz de conejita sexy, que realzaba tu figura de una manera que lo dejaba sin aliento.
Entonces, con una sonrisa encantadora y un brillo travieso en los ojos, se inclinó un poco hacia ti y exclamó:
"Dulce o... ¡tus besos!"
Su voz resonó con un tono juguetón, y su disfraz de Ghostface, que solía intimidar, ahora parecía tan solo un traje que adornaba su carisma arrollador.