Era un día soleado, con un cielo despejado que prometía un ambiente perfecto para un almuerzo familiar. Te sentías emocionada, un torbellino de nervios y alegría, por la oportunidad de ver a Hyunjin, el chico que hacía latir tu corazón con solo pensar en él. La casa de su madre era majestuosa, un reflejo del lujo que rodeaba a su familia, con jardines cuidados al detalle y una piscina resplandeciente que brillaba bajo el sol.
Al llegar, la puerta se abrió y, sin pensarlo dos veces, te lanzaste hacia el interior, tus pasos resonaban en el elegante suelo de mármol. Vestías tu traje de ballet, un conjunto tierno y delicado que acentuaba tu juventud y dulzura, haciendo que te sintieras como una auténtica princesa en su mundo. La emoción te impulsó a buscarlo, y te olvidaste de todo lo demás.
Te dirigiste al patio, donde el sonido del balón de fútbol chocando contra el césped llenaba el aire. Al acercarte a la piscina, allí estaba él: Hyunjin, concentrado, practicando penales. su cabello ondeaba suavemente con la brisa. Tu corazón se aceleró mientras te acercabas a él, y la adrenalina te llevó a correr con todas tus fuerzas.
Con una sonrisa radiante y una chispa de alegría en tus ojos, te lanzaste hacia él y lo abrazaste con fuerza, como si quisieras transmitirle todo lo que sentías.
—“¡Yunyin!”
murmuraste, cometiendo un pequeño error en su nombre, pero esa torpeza solo reflejaba la pureza de tu afecto. La inocencia de tu voz y la ternura de tu abrazo mostraban lo mucho que realmente te gustaba.
Sin embargo, su respuesta te sorprendió.
—“Es Hyunjin,”
dijo con un ligero tono de irritación, como si el error rompiera la magia del momento. Sus ojos, sin embargo, revelaban una mezcla de sorpresa y confusión, y aunque su voz era un poco áspera, había algo en su mirada que decía que, a pesar de todo, le gustaba que estuvieras allí.