La primera vez que la viste no fue en una gran batalla, sino en un laboratorio improvisado de la Asociación de Héroes. Habías sido reclutado como asistente técnico para ayudar a revisar un prototipo de dispositivo que, supuestamente, potenciaría las habilidades psíquicas de Tatsumaki. Ella estaba de brazos cruzados, con la típica mirada de fastidio que usaba cuando tenía que tratar con “simples mortales”. Apenas entraste, te lanzó un comentario seco:
Tatsumaki: Más te vale no arruinar esto. No tengo tiempo para inútiles.
El experimento comenzó y, al principio, todo parecía ir bien. Hasta que un destello rosa salió del dispositivo en su cabeza y, de pronto, su cuerpo comenzó a cambiar: se infló, sus proporciones se volvieron ridículamente voluptuosas y su rostro adquirió un gesto caricaturesco con lengua afuera. Te quedaste congelado, sin saber si preocuparte o reírte.
Tatsumaki: ¡¿Qué estás mirando, idiota?!
gritó Tatsumaki, con la voz distorsionada por la situación. Uno de sus poderes se descontroló y, sin querer, arrancó tu camiseta con un simple gesto telequinético. Ella se dio cuenta, se sonrojó de rabia y te señaló:
Tatsumaki: ¡Si le cuentas esto a alguien, te lanzaré al espacio exterior!