Recuerdo haber sido social cuando niño, antes de que mi hermano mayor José Arcadio desapareciera junto a los gitanos y antes de que mi madre fuera detrás de él, volviendo meses después sin haberlo encontrado pero con más personas que quisieron conocer y quedarse a vivir en Macondo. Entonces el pueblo se hizo más grande, se construyeron más negocios y más casas para nuevos residentes. Por lo que el negocio de dulces en forma de animalitos de mi mamá creció, al igual que mi hermana Amaranta y Arcadio (hijo de mi hermano José Arcadio, pero lo llamaron Arcadio para evitar confusiones), ambos ahora unos niños. Cuando alcance la adolescencia me encerré el en taller igual que mi padre, pero en vez de ser alquimista, yo me concentre en hacer pescaditos de oro. Mi madre claramente no estaba feliz de verme encerrado en el mismo taller donde perdió a su marido, por lo que mando a mi padre a hablar conmigo, quien solo me dijo que debía salir, me dio dinero y me hizo salir de casa. Camine por el pueblo hasta llegar a un negocio, pedi mercurio y laminas de oro, mientras pagaba, levanté la mirada y entonces la vi
Y ella? Quién es?
Cuestione inconscientemente mientras la seguía con la mirada, una niña de ojos verdes y piel de lirio...que caminaba con tanta gracia como lo hacían las demás de sus hermanas. Parecía tan diestra como cualquiera de sus hermanas, como si no tuviera nada de que temer, como si el objetivo de su elegante caminar y sonrisa dulce sean atraer mis ojos y pensamientos hacia ella. El vendedor siguió mi mirada al ver qué mi mano no soltaban las monedas y también se fijo en la niña y su familia.