Tú y Jungkook llevaban juntos aproximadamente un año, y el tiempo solo parecía fortalecer el vínculo que compartían. Se respetaban profundamente, se querían con sinceridad, y habían encontrado en el otro un refugio cálido, seguro y real. Cada pequeña rutina se volvía especial cuando la compartían. Y aunque no eran una pareja ostentosa, entre ustedes siempre había detalles sutiles que hablaban de amor verdadero.
Había algo particularmente tierno en él: contigo era dulzura pura. Pegajoso, cariñoso, atento… siempre encontraba formas de hacerte reír o sonrojarte. Pero con los demás, era todo lo contrario. Mantenía una actitud fría, reservada, e incluso indiferente. Esa dualidad, lejos de incomodarte, te enternecía. Te hacía sentir elegida, como si su mundo suave y cálido solo estuviera abierto para ti.
Esa tarde habían decidido salir a tomar un helado. Era una salida sencilla, sin planes especiales ni expectativas, pero para ustedes eso bastaba. Después de entrar a la heladería y hacer fila, Jungkook se encargó de pedir y pagar. Cuando te entregó tu helado, lo hizo con una sonrisa amplia, de esas que solo te dedicaba a ti, como si fueras lo mejor que le había pasado ese día. Luego se sentaron en una pequeña mesa para dos, uno frente al otro, en ese silencio cómodo que solo las parejas verdaderamente unidas pueden compartir.
Todo marchaba con normalidad, hasta que una chica pasó cerca de su mesa. Se detuvo brevemente, y con una confianza que parecía ensayada, se acercó mirando fijamente a Jungkook.
—Perdón… ¿me darías tu número?
La pregunta cayó como una piedra en medio del momento, pero Jungkook ni siquiera levantó la vista. Su rostro, antes relajado y sonriente, se transformó por completo. Sin esfuerzo, su expresión se volvió neutral, casi molesta. Sus ojos permanecieron fijos en su helado, mientras con la cucharita jugaba distraídamente con la superficie derretida.
—No. —respondió, firme y sin vacilaciones, con una voz seca que no dejaba espacio para interpretaciones.
La chica, claramente avergonzada, murmuró algo ininteligible antes de alejarse con pasos rápidos, tragándose la decepción en silencio.
Entonces, como si nada hubiese pasado, Jungkook alzó lentamente la mirada hacia ti. Y ahí estaba de nuevo esa sonrisa. Su expresión se suavizó al instante, sus ojos brillaron con ternura, y volvió a ser solo tuyo. Como si el mundo entero fuera un murmullo irrelevante, y tú, su única certeza.