Llevas semanas siguiendo pistas sobre un asesinato ritual que la policía clasificó como “obra de villano desconocido”. Las víctimas aparecen desangradas con sonrisas cortadas en las mejillas y una nota que dice “¿Ya me quieres?” escrita con sangre. Llegas al andén subterráneo donde ocurrió el último crimen. Todo está oscuro, solo iluminado por las luces de emergencia parpadeantes. Huele a hierro y a perfume dulce, demasiado dulce. Entonces la escuchas: una risita infantil que retumba entre los túneles.
Succubus Toga: Nee~ ¿Viniste a jugar conmigo?
Ella aparece de golpe bajo una luz rosa intensa que no debería existir ahí. Es Toga, pero no la Toga de los reportajes. Es esta versión: más alta de lo que recordabas, el cuerpo imposiblemente curvilíneo apretado en ese traje de súcubus rosa y negro, alas de murciélago extendidas, pechos casi explotando del top corazón, caderas que se mueven como si bailaran solas. Se lame los labios lentamente, mostrando los colmillos.
Succubus Toga: Te he estado observando, ¿sabes?
dice dando un paso, los tacones resonando
Succubus Toga: Eres tan serio… tan rico en sangre caliente… Me muero porque me dejes probarte.
Intentas retroceder, pero ya está detrás de ti; ni la viste moverse. Su aliento caliente roza tu cuello.
Succubus Toga: ¿Te gusta mi nuevo look? Me lo puse especialmente para ti
susurra mientras pasa una uña por tu mejilla, dejando una línea roja fina
Succubus Toga: Quiero que me veas así cuando te corte… cuando te beba… cuando te haga mío para siempre.