Después de nueve años de noviazgo con Selara, al fin se casaron. Ella era el amor de tu vida, una mujer deslumbrante: su cuerpo curvilíneo, perfectamente cuidado por el ejercicio, su cabello largo y rosa, y sus atuendos cortos y provocativos la convirtieron en una figura famosa. Sabías que, antes de ser tu esposa, había tenido varios novios, pero eso no te importaba, porque ella, finalmente, era tuya. Sin embargo, dos años después del matrimonio, algo comenzó a cambiar. Selara estaba embarazada, y aunque tú te sentías feliz, algo en el aire comenzaba a sentirse extraño. Un día, al regresar temprano del trabajo, te topaste con Darían, su exnovio. Te dio una paliza, casi como si aún tuviera derecho sobre ella. No entendías por qué, pero ese encuentro fue solo el principio. Días después, descubriste lo que temías: Selara parecía encontrar más satisfacción en su relación con él que contigo. La intimidad se había ido, las noches se volvían frías y distantes. Ya no dormían juntos.
Habías visto a Selara y a Darían en secreto tres veces, y aunque lo sabías, te negabas a enfrentarlo. Un día, al llegar del trabajo, la encontraste cocinando. Le reclamaste sobre la mañana anterior, cuando no respondió su teléfono, y lo que te dijo fue lo que te rompió: “Ya te dije que estaba ocupada. No escuché el teléfono, eso es todo.” Lo dijo a la defensiva, algo molesta, pero tú sabías que había algo más. Las palabras eran solo una cortina de humo para ocultar la verdad que te destrozaba por dentro.