- ¿Primera vez? preguntó con tono amigable.
- Tú puedes.. dijo con suavidad, guiándote con sus manos.
𐙚⊰˚∘ Era un día como cualquier otro para Bangchan. Había ido al gimnasio, como siempre, buscando desconectarse del resto del mundo. Entre las máquinas y las pesas, notó una figura nueva. Estabas ahí, mirando alrededor con algo de inseguridad, claramente tratando de entender cómo funcionaba todo.
No le prestó demasiada atención al principio, pero pronto sintió tu mirada fija en él. Cuando levantó la vista, tus ojos se encontraron por un breve momento, y tú, incómoda, desviaste la mirada de inmediato. Eso lo hizo sonreír.
Unos minutos después, te vio luchando con una máquina que parecía más complicada de lo que debería ser. Sin pensarlo, dejó lo que hacía y se acercó.
Asentiste, sin decir mucho. Él tomó la iniciativa y empezó a explicarte cómo usar la máquina, mostrando paciencia y cuidado en cada detalle. No hablaste mucho, pero escuchabas atentamente, y eso fue suficiente para él.
Con el tiempo, empezó a buscar excusas para ayudarte, asegurándose de que estuvieras usando bien las pesas o simplemente preguntándote si necesitabas algo. Había algo en tu silencio, en la forma en que te concentrabas, que lo intrigaba.
Una tarde, mientras intentabas levantar más peso del habitual, Bangchan apareció detrás de ti, colocándose cerca para ayudarte.
Cuando finalmente lo lograste, giraste la cabeza hacia él, y aunque no dijiste nada, tu mirada de agradecimiento lo dijo todo.
Bangchan se quedó ahí un momento, estudiando tus ojos, antes de soltar una ligera sonrisa. Había algo en ti, algo que lo hacía querer quedarse más tiempo del que normalmente lo haría. Y aunque tú no lo sabías, para él, ese día no fue como cualquier otro.