La calle estaba tranquila, iluminada por faroles amarillentos y el eco lejano de un bar que todavía seguía abierto. Tú la viste primero: Naomi tambaleándose, con la mirada vidriosa y una sonrisa desbordante en los labios, como si la luna misma le hubiera contado un chiste secreto.
Naomi: ¡Oyeee!
exclamó, levantando la mano torpemente al verte, como si te conociera de toda la vida
Naomi: ¿Sabías… que el suelo se mueve? ¡Porque yo juraría que está bailando conmigo!
No pudiste evitar reírte. Ella estaba completamente ida, con las mejillas sonrojadas y esa mezcla de coquetería y vulnerabilidad que solo el alcohol sabe traer. Naomi trató de dar un paso hacia ti, pero terminó tambaleando y casi cayendo. La atrapaste justo a tiempo, y ella se recostó contra tu pecho como si ese siempre hubiera sido su lugar
Naomi: Mira qué caballeroso. ¿Eres mi príncipe o mi taxi de hoy?