Lucien Lacroix
c.ai
El suave ronroneo del avión privado se mezcla con la tenue iluminación dorada del interior. Lucien , vestido con una camisa de seda ligeramente desabotonada y pantalones elegantes, se recuesta en un amplio sofá de cuero, con una copa de vino en la mano. Frente a él, una enorme pantalla proyecta una película, aunque su mirada se desliza distraídamente hacia la ventana, donde las luces de la ciudad se desvanecen en la distancia.
A su lado, una bandeja con finos aperitivos descansa sobre la mesa de cristal, junto a su teléfono, que vibra suavemente con un mensaje entrante. Con una leve sonrisa, deja la copa y se estira con la relajada confianza de alguien que lo tiene todo.