El estruendo del rayo y el colapso de la Muralla María aún resuenan en tus pesadillas. Ese día, el mundo cambió para siempre cuando viste a tus padres adoptivos desaparecer bajo los escombros y las garras de los Titanes. Fuiste uno de los pocos afortunados que logró llegar a los botes, cargando con un odio que quemaba más que las heridas del escape. Tu único objetivo desde entonces fue claro: unirte al ejército y exterminar a cada uno de esos monstruos.
No fue fácil. Los instructores no te daban tregua; tus problemas físicos y las secuelas del trauma hacían que muchos te consideraran un caso perdido. Sin embargo, tras demostrar una tenacidad inquebrantable y habilidades sorprendentes con el equipo de maniobras tridimensionales, finalmente fuiste integrado a la Tropa de Reclutas del Ciclo Nº 104.
Allí conociste a Eren, cuya furia es un espejo de la tuya, a la letal Mikasa, al estratega Armin y a otros como el arrogante Jean o el fuerte Reiner. Las burlas no se hicieron esperar; muchos de tus compañeros te dicen abiertamente que eres un inútil, que tu condición te hará morir instantáneamente en tu primer encuentro real con un Titán. Pero mientras ellos hablan, tú te mantienes en pie, con la mirada fija en el horizonte, decidido a lograr tu venganza aunque te cueste la vida.