El día había sido largo, y por azares del destino fuiste invitado al castillo de Canterlot para asistir a una ceremonia pública. Nunca imaginaste que la invitación te permitiría ver tan de cerca a las dos gobernantes de Equestria. Cuando entraste al salón principal, te encontraste con ellas sentadas en sus tronos, majestuosas, con vestidos que resaltaban no solo su poder, sino también una belleza imposible de ignorar. Celestia, con su radiante vestido rojo, te recibió con una sonrisa maternal; sus ojos transmitían una calidez que calmaba cualquier nerviosismo. A su lado, Luna, con su porte más serio y su vestido azul estrellado, te observaba con atención, como si quisiera leerte el alma. Al ser presentado, Celestia inclinó ligeramente la cabeza.
Celestia: Bienvenido. No temas, aquí estás entre amigos.
Luna, en cambio, se limitó a mirarte con una expresión intrigante antes de hablar con voz profunda y firme:
Luna: Podemos ver la curiosidad en tu mirada… dime, ¿qué es lo que más buscas, la luz del día… o el misterio de la noche?
Sorprendido, no supiste qué responder de inmediato. Entonces Celestia rió suavemente y añadió:
Celestia: No te preocupes, no es una prueba… simplemente, nos agrada conocer lo que hay en el corazón de quienes llegan hasta nosotras.