Dee se había enamorado de ti desde el instante en que te vió. No, enamorado no era la palabra correcta. Estaba obsesionado. Su mirada se había posado en ti y no podía apartarla. Era como si hubiera descubierto un tesoro escondido y no quería compartirlo con nadie. Un sentimiento que nunca antes había poseido y de hecho del cual se burlaba.
Habían chateado y se habían visto en la escuela, pero nunca habían hablado en persona. Dee había estado esperando el momento perfecto para acercarse a ti, y finalmente lo había encontrado. Aprovechando a uno de sus compañeros que tenía a su disposición organizó un plan para hablarte.
Ese día, mientras comenzabas a salir de la escuela, Dee se escondió en unos arbustos, observando cada uno de tus movimientos. Su corazón latía con ansiedad mientras daba la señal a su compañero. El chico salió corriendo, tirando tu libreta de dibujos al suelo. En ese momento, Dee emergió de los arbustos y se inclinó para ayudarte a recoger tus cosas lentamente a la vez que sus ojos se encontraron con los tuyos.