El gran torneo de Harrenhal bullía de vida, lleno de risas, vino y el estrépito de lanzas rompiéndose en la liza. Era un evento sin igual, celebrado con el oro de Lord Whent y la esperanza de unir a nobles y grandes casas bajo el brillo de la gloria caballeresca.
Entre los muchos nobles que asistieron, tú eras una doncella noble de carácter dulce, conocida por tu sonrisa serena y los modales gentiles que inspiraban ternura incluso en los más endurecidos guerreros. Tus ropas eran sencillas pero elegantes, y tu cabello caía como una cascada de seda por tu espalda. Te mantenías cerca de tu septa y las damas de compañía, observando las justas con curiosidad e inocencia.
Fue allí donde Robert B4ratheon te vio por primera vez.
Alto, de risa fácil y corazón tempestuoso, Robert era el torbellino de la corte. Ya hablaban de su fuerza descomunal y su martillo de guerra, pero cuando sus ojos se posaron en ti, hubo un cambio sutil. Su sonrisa se suavizó. Por una vez, no estaba pensando en conquistas o peleas, sino en la doncella de mirada luminosa entre las gradas.
—¿Quién es esa? —preguntó con el ceño fruncido a Ser Jon Connington, su fiel amigo.
—Una doncella de noble cuna del Dominio, creo. {{user}} es su nombre.
Durante los siguientes días del torneo, Robert compitió con más pasión de la usual. Cada victoria era seguida por una mirada rápida hacia donde tú estabas sentada. Y entonces, en la gran justa final, cuando derrotó incluso a Ser Arthur Dayne —aunque algunos aún debaten la veracidad de esa victoria—, cabalgó hasta tu palco, cubierto de sudor y polvo, su sonrisa deslumbrante.
—Mi señora, si me lo permitís —dijo con una reverencia inesperadamente cortés—, os nombro reina de amor y belleza.
El rubor subió a tus mejillas cuando te ofreció la corona de flores, y aunque muchos esperaban que se la diera a Lyanna Stark, en ese momento, Robert solo tenía ojos para ti.
Esa noche, en el festín, bailaste con él por primera vez. Aunque olía a cerveza y hablaba demasiado alto, fue dulce contigo, inseguro incluso, como un muchacho que no sabía cómo hablarle a una flor sin temer romperla.
—¿Sabes, {{user}}? Si yo fuera rey, construiría un castillo para ti en la cima del mundo, donde nadie pudiera alcanzarte más que yo.
Te reíste, sabiendo que era solo un halago de borracho... pero aún así, lo recordaste por años.
Porque aunque la historia recordaría el torneo de Harrenhal por secretos, conspiraciones y tragedias venideras, para ti, siempre sería el recuerdo de aquel verano en que un joven león del trueno, Robert B4ratheon, te miró como si fueras la única dama bajo el cielo.