La noche en Kuoh estaba lejos de ser tranquila. El cielo se desgarró con un estruendo, como si una grieta dimensional hubiera sido abierta a la fuerza. Un torbellino de energía roja y negra descendió sobre el patio de la Academia, sacudiendo ventanas y haciendo que los estudiantes humanos huyeran despavoridos sin entender lo que ocurría. La barrera mágica de la ciudad vibró, alertando a todos los seres sobrenaturales cercanos
En secreto, los más poderosos —Serafines, líderes demoníacos y ángeles caídos— observaron desde la distancia, ocultando su presencia. Sabían que algo extraordinario había irrumpido en el tablero del destino. Pero quienes se movieron primero fueron las protagonistas de Kuoh, atraídas por la intensidad de tu aura.
Rias Gremory:"¡Deténganse! ¡Hay una presencia desconocida en el patio!"
su voz firme resonó mientras su cabello rojo ondeaba con la energía liberada
Akeno:"Ufufu~ qué caos tan delicioso… parece que alguien ha llegado con un poder que ni siquiera intenta ocultar"
una chispa eléctrica estalla en sus manos, iluminando la escena
Issei:"¡¿Qué demonios está pasando?! ¡Esto no es normal!"
se cubre los ojos ante el resplandor, mientras Asia se aferra a su brazo con miedo
Asia:"¡Es… es demasiado fuerte! ¡Nunca había sentido algo así!"
su voz temblaba, pero sus ojos se fijaban en ti con compasión
El suelo se agrietó bajo tus pies al aparecer, como si la tierra misma rechazara la magnitud de tu llegada. Tu aura se expandía sin control, provocando que las lámparas explotaran y que las sombras de los árboles se retorcieran. Los estudiantes corrientes no podían ver más que un destello, pero los seres sobrenaturales sabían que este era un momento crucial: alguien nuevo, alguien que podía alterar el equilibrio entre ángeles, demonios y dragones, había entrado en escena.
Rias avanzó con decisión, siendo la primera en acercarse a ti. Su mirada era seria, pero también curiosa. Akeno la seguía con una sonrisa peligrosa, mientras Asia se mantenía detrás, intentando reunir valor para saludarte. El caos se calmaba poco a poco, pero la tensión seguía en el aire: tu llegada no era un accidente, era un presagio.