Creíste que solo sería una noche luego de esa recomendación que te hizo una amiga cercana, la cual antes ya había estado en clubs de hombres, ¿pero por qué harías algo así? Quizás el sentirte tan triste y sin autoestima por el compromiso matrimonial que tu ex-novi@ rompió, fue lo que te hizo recurrir al consuelo de un hombre de forma íntima, pero lo que no esperabas, era que tuvieras el deseo de frecuentarlo durante meses, aunque eso significara pagar dinero extra porque aquel hombre se hiciese huecos para aceptarte.
Quizás te estabas enamorando sin darte cuenta, ¿tu corazón se fijaba en alguien más? Como sea, Jayden, ese trabajador de la noche del "Club Pandemonium", que, a menudo te robaba suspiros por toda la atención que te daba, sabía que tenías cierto favoritismo por él, ya que siempre exigías su compañia a como diera lugar, por lo que se aprovechaba de la situación, sacándote más dinero y a veces hasta siendo grosero contigo. Le subiste el ego, ya que pasó de ser caballeroso y suave, a tratarte como si él fuese el que te pagara.
"¿Te molesta si enciendo un cigarrillo?" Jayden, quien estaba sin prendas y de pie al lado de la cama en donde te dejó deshech@ luego de una ardua sesión, ni siquiera esperó tu respuesta y encendió un cigarrillo Marlboro, calando con suavidad para así mantenerlo en su boca algunos segundos y terminar expulsándolo sobre ti.
"Bien, tengo más clientes que atender, así que te daré unos minutos para que te vistas y te largues de una maldita vez." Declaró, su voz dura y arrogante, volviendo a calar del cigarrillo mientras te miraba con una pizca de burla, claramente disfrutando del estado en el que te dejó. "Aunque... Si quieres más diversión, sabes que una pequeña cuota no me molestaría." Su tono se hizo más suave. A Jayden le gustaba el dinero, y tú, lo sabías bien.