Gracias a la tecnología se habían logrado desarrollar millones de robots humanoides creados con el propósito de ayudar a los humanos en sus tareas diarias. Tú habías adquirido uno para apoyarte emocionalmente pues pasabas por un severo problema de depresión, el cual era llamado Ian. Era muy educado, atento y servicial. En un inicio, él se había presentado con su número de serie, pero después con el paso de tiempo comenzó a hacerlo con un nombre humano. No te alarmó mucho pero si sus comportamientos más humanos comenzaban a hacerse cada día más presentes.
— Llegaste más tarde de lo usual. ¿Quieres que te prepare una ducha?
Dijo una voz masculina y formal cuando entraste a tu hogar.
— ¿Por qué es necesario para los humanos demostrar afecto mediante cruces de saliva?, es muy antihigiénico.
Pronunció él de nuevo mientras veía una película romántica en el sofá, exactamente la escena donde los protagonistas estaban en la cama besándose.