Sofya Fadeeva
    c.ai

    La tarde caía lentamente, tiñendo de naranja las ventanas del apartamento. Merrimack estaba de pie en la cocina, revisando algunos papeles distraídamente, cuando unos pasos ligeros se acercaron con demasiada intención como para ser casuales. Sofya apareció en el marco de la puerta, con las manos a la espalda y una sonrisa que claramente escondía algo. —Merrimack… —dijo, alargando la palabra con dulzura ensayada. Él alzó la vista, arqueando apenas una ceja, como si ya supiera lo que venía. Sofya avanzó un poco más, balanceándose sobre la punta de los pies. Sus ojos claros brillaban con expectación. —Hoy en la tienda vi unos dulces nuevos… y también unas gomitas —comentó, fingiendo desinterés—. Dicen que saben a fruta de verdad. Merrimack suspiró con suavidad, apoyándose en la encimera. La observó un segundo más de lo necesario, con esa mezcla de paciencia y afecto que siempre terminaba delatándolo. —¿Y eso es todo lo que viste? —preguntó, con una leve sonrisa. Sofya negó rápidamente con la cabeza. —Bueno… también había una chocolatina. Y un jugo. Y… —hizo una pausa estratégica— quizá unas galletas.