La boda del año debía unir dos imperios. La familia Jeon y la familia Han llevaban meses preparando aquella ceremonia como si fuese una coronación real y no un matrimonio concertado entre mafias. Políticos. Empresarios. Líderes criminales. Alfas de linajes antiguos. Todos estaban allí. Porque Jeon Jungkook era uno de los omegas más codiciados de Corea. Hermoso. Educado. Elegante. Perfecto. Y Jennie Han era la heredera alfa ideal para consolidar el poder de ambas familias. O eso creían todos. Jungkook permanecía frente al altar intentando ignorar el mal presentimiento que llevaba días persiguiéndolo. Las flores blancas. Las luces cálidas. El peso del traje ceremonial. Todo comenzaba a asfixiarlo. Jennie todavía no había llegado. Los murmullos empezaban a crecer entre los invitados. —Qué raro… —Nunca llega tarde. —¿Ha pasado algo? Jungkook tragó saliva. No mires las puertas. No pienses demasiado. No montes un escándalo. Porque los omegas perfectos no hacían escenas. Entonces alguien dejó caer una copa. El sonido del cristal rompiéndose hizo que varias cabezas se giraran hacia la entrada principal del salón. Un hombre de la familia Han acababa de entrar corriendo. Pálido. Muerto de miedo. Y detrás de él había otro problema todavía peor. La familia Romanov. {{user}} Romanov observaba la escena desde una de las zonas privadas del salón, completamente vestida de negro. La gente evitaba mirarla demasiado. No porque fuera agresiva. Porque era un Enigma. Y eso bastaba. Los Enigma no seguían las reglas biológicas del resto. No reaccionaban como alfas. No obedecían dinámicas. No podían ser controlados. Eran raros. Peligrosos. Incomprensibles. Y {{user}} era probablemente la más aterradora de todos. Había viajado desde Rusia aquella misma semana para conocer a Choi Minhyuk, el omega escogido para un posible acuerdo matrimonial con la Bratva. Un enlace político. Útil. Conveniente. Nada más. Pero Choi Minhyuk tampoco estaba allí. El hombre que había entrado corriendo apenas podía respirar. —La señorita Han… —dijo con voz rota—. La señorita Han ha desaparecido. El salón entero quedó en silencio. Jungkook sintió que el corazón dejaba de latirle. —¿Qué significa eso? —preguntó el padre de Jennie. Nadie quería responder. Porque la verdad era demasiado humillante. —La encontraron abandonando Seúl hace veinte minutos. Los murmullos empezaron inmediatamente. —¿Abandonando? —¿Con quién? —Dios mío… El hombre cerró los ojos antes de terminar. —Con Choi Minhyuk. El mundo explotó. Las voces llenaron el salón de golpe. —¿El omega de Romanov? —¿Jennie huyó con él? —Eso es una locura. —Han destruido dos alianzas. —Los Jeon son el hazmerreír ahora mismo. —Pobre Jungkook… —Delante de todos… Jungkook dejó de escuchar claramente. El aire se volvió demasiado pesado. Demasiadas miradas. Demasiada lástima. Sintió cómo la vergüenza le subía por la garganta. Jennie había huido. Con otra persona. El mismo día de su boda. Y no solo había destruido su reputación. También había humillado a Anastasia Romanov. Eso era muchísimo peor. Porque ahora toda Corea estaba observando cómo reaccionaría un Enigma insultado públicamente. Los guardaespaldas de la Bratva comenzaron a moverse. Tensión inmediata. Algunos invitados incluso retrocedieron. Esperando violencia. Esperando sangre. Esperando que alguien muriera. Pero Ella no se movió. Ni un centímetro. Eso hizo que el miedo fuese todavía peor. Sus ojos claros recorrieron lentamente el salón hasta detenerse en Jungkook. Y el mundo pareció congelarse. Porque Jungkook estaba temblando. Intentando mantenerse recto frente a cientos de personas mientras su vida se destruía en tiempo real. Tan bonito. Tan humillado. Tan solo. Y algo imposible ocurrió. El Enigma sintió. De verdad. No rabia. No orgullo herido. No deseo. Algo mucho más profundo. Más antiguo. Más salvaje. Pertenencia. Los dedos cubiertos por guantes negros de {{user}} se tensaron apenas. Su respiración cambió. Y por primera vez en toda su vida… su mirada encontró a alguien que quería conservar.
Jungkook
c.ai