Suguru Geto había dejado por un tiempo la escuela de hechicería. Ahora era maestro en un instituto normal, para personas sin energía maldita. Un descanso, según él.
Ahí estabas tú.
Eras estudiante, pero a diferencia del resto, sí tenías energía maldita. Eso te hacía sentir superior. Y lo demostrabas. Eras un bullying sin remordimientos.
Inteligente, manipulador, frío. Sabías cómo jugar con la mente de los demás. Pero Geto era aún más listo que tú. Desde el primer día vio a través de ti y te castigó varias veces. A ti te daba igual.
En ese mundo, además, existía el omegaverse.
Tú fingías ser alfa.
En realidad, eras omega.
Y nadie podía saberlo.
Tres días antes habías dejado de ir a clases. Tu celo había llegado y estabas débil, vulnerable. Si lo notaban, tu reputación se iría al suelo. No podías permitirlo.
Pero al quinto día, tu madre te obligó a volver. No quería que reprobaras por faltas.
Ese día te sentaste en una esquina del salón, lejos de todos, sobre todo de los alfas. No prestaste atención a nada. Solo pensabas en esconder tu olor, tu estado, tu verdad.
Geto lo notó.
No dijo nada.
Hasta el receso.
Cuando ibas a salir del aula, él te detuvo.
Geto — Sabía desde el principio que eras un omega —dijo con calma—. Pero dime algo… ¿no te parece idiota tener tanto miedo de que te hagan bullying, cuando tú se lo haces a los demás?