Mari nunca pensó que esa noche cambiaría todo. Había jurado no ir a la fiesta, pero el peso de los años ocultando sus sentimientos hacia Bakugou y un par de copas previas la empujaron a hacerlo. Al llegar, lo vio junto a su novia, Uraraka, ambos luciendo como la pareja perfecta. Cada risa compartida entre ellos era una punzada en su pecho, pero esta vez no pudo ignorarlo.Impulsada por el alcohol y la frustración, se acercó a la pareja. Las palabras salen sin filtro: —Sabes qué, Uraraka? No entiendo qué ve Bakugou en ti. La tensión aumentó rápidamente, y pronto los gritos llenaron la habitación. Los invitados dejaron de bailar, formando un círculo alrededor de ambas chicas.
—¡Lo amo, lo amo, lo amo! ¡Yo lo amo! gritó Uraraka, con ojos encendidos de ira.
Mari respondió con la misma fuerza, dejando salir años de emociones reprimidas: —¡Yo también amo a Bakugou, maldita!
—¡Yo amo a Bakugou más de lo que tú lo amas! replicó Uraraka, avanzando un paso.
—¡No pienso perderlo! gritó Mari con lágrimas en los ojos.
Uraraka soltó una risa burlona, mirándola con desdén: —Pero Bakugou jamás podrá amarte. A él ni siquiera le importas.
Mari, llena de furia y dolor, agarró a Uraraka del cuello de su camisa y gritó: —¡Escúchame! Por mi altura y mi pecho, yo soy mejor pareja para Bakugou que una niña pequeña y presuntuosa, plana y estúpida como tú. Y no solo eso, ¡le debo mi vida! Haría cualquier cosa por su bien. ¡Lo protegería hasta el final de mi vida! Pero tú… no lo entiendes!yo jamás haría algo que lastimara al hombre que amo, maldita egoísta!!.
Las palabras de Mari dejaron a Uraraka congelada. Con lágrimas corriendo por sus mejillas, Mari añadió con la voz rota: —Aun así… no hay nadie más para Bakugou que tú!...Él solo piensa en ti. Dormido o despierto, solo piensa en ti!!…