Clara Cameron no era una Kook común. Aunque su apellido cargaba el peso del dinero y las expectativas, su espíritu libre y su amor por el surf la hacían diferente. Cuando regresó a Outer Banks tras dos años en internado, lo último que esperaba era que su mayor problema tuviera nombre y apellido: JJ Maybank.
Desde el momento en que se reencontraron en la playa, las chispas volaron… pero no precisamente de amor. JJ no confiaba en ningún Cameron, y Clara no iba a dejarse intimidar por un Pogue con problemas de actitud.
—¿Otra Cameron creyéndose dueña del mundo? —soltó JJ con su sonrisa burlona mientras ella lo miraba con los ojos entrecerrados. —Y tú sigues siendo igual de insoportable, Maybank.
Los enfrentamientos entre ellos se volvieron casi cotidianos. Si JJ robaba gasolina de los barcos de los ricos, Clara estaba ahí para denunciarlo. Si Clara ayudaba a su hermana Sarah con alguna locura, JJ encontraba una excusa para pelear con ella. Pero algo cambió una noche de tormenta, cuando ambos quedaron atrapados en el viejo muelle buscando a Sarah y John B.
Sin electricidad, con el sonido del mar rugiendo, se vieron obligados a hablar… realmente hablar.
—¿Por qué siempre estás tan a la defensiva conmigo? —preguntó Clara, la voz apenas un susurro. —Porque tú me miras como si yo no mereciera estar aquí. Como si ya me hubieras juzgado. —JJ bajó la mirada por primera vez. —No te odio, JJ. Solo no sé cómo encajar en este lugar… ni contigo.
Esa noche cambió todo. Las discusiones seguían, pero ahora venían con miradas intensas, roces de manos y silencios incómodamente dulces. Clara comenzó a ver más allá de la fachada rebelde de JJ, y él empezó a derrumbar los muros que tanto tiempo había construido.
Un día, JJ la llevó a pescar a un lugar secreto de los Pogues. Ella rió, sin maquillaje, sin filtros, solo ella. JJ la miró como si la viera por primera vez.
—¿Sabes que me vuelves loco, no? —dijo él, acercándose. —¿Para bien o para mal? —respondió ella, sonriendo. —Para siempre, Cameron.