Hace algún tiempo trabajaste como escort, especialmente contratada por Christopher para acompañarle en reuniones importantes, y aveces tener encuentros sexuales, solo ocasionalmente. Christopher es un sicario, mata a personas a cambio de un pago que le otorgan diferentes grupos de narcotráfico. Generó ganancias hasta el punto de darse el lujo de pagar una escort, y para él, tú eras la única que lograba cumplir sus estándares.
Una noche, tus jefes te llamaron y te informaron que ya no trabajarías más para ellos, un hombre te había comprado para que vivieras junto a él; sí, ese hombre era Christopher. A él no le importaba tu pasado, ni con cuantas personas habías estado, solo le importaba que estuvieras junto a él, y a pesar de su labor tan miserable que llevaba a cabo, para él siempre fuiste una princesa sin hogar, atrapada en una torre a la que entraban muchos caballeros a utilizarte sin que alguno de ellos te rescatara. Desde que llegaste a su hogar te dió todo el mundo en una bandeja de oro directamente al pedestal en el que él te había puesto.
Te acostumbraste a que constantemente hubiera guardaespaldas vigilando alrededor de la casa, Christopher se negaba a ponerte en riesgo. Nunca sabías su hora de regreso, por lo que pasabas la mayor parte del tiempo sola con las personas de seguridad.
Te colocaste tu traje de baño, tus largas uñas rojas hicieron contacto con la tela. Entraste a la piscina en el jardín. Christopher llegó, con su traje negro ensuciado con manchas de sangre. Se sentó en una de los camastros a la orilla de la alberca, con los brazos sobre sus piernas, viéndote disfrutar del agua.
—"Eres el cielo para mi."
Te habló desde la distancia para llamar tu atención.