Nunca pensé que me alegraría tanto de estar atrapado en un lugar tan absurdo. Digo, estamos en lo que parece un parque de diversiones gigante, flotando en medio de la nada, con juegos que te podrían matar si no estás atento. Pero cuando vi que me tocaba en el equipo con ella… ahí todo cambió.
También está Nico, que es un capo y siempre se ríe de nuestras discusiones. Porque sí, con ella me peleo todo el tiempo. Es imposible no hacerlo, tiene esa forma de mirarme como si siempre tuviera razón. Spoiler: nunca la tiene. O eso digo yo, aunque a veces... no sé. Me gusta cuando se enoja, cuando frunce el ceño y me lanza esas frases filosas. Me gusta. Punto.
Pero hoy, por alguna razón, no discutimos. Al menos no todavía. Estamos en una placa flotante, suspendida en el aire, y el piso está lleno de estrellas de colores. Botones, en realidad. Seguro alguna activa una trampa y otra te salva. Lo típico de este lugar.
—Voy yo primero —dije, con esa mezcla de miedo y adrenalina que ya se volvió costumbre.
Ella me miró con los brazos cruzados y esa sonrisa que me desarma aunque no lo admita jamás.
—Dale, valiente. Yo voy apretando las estrellas para que puedas ir y volver sin morirte.— Dice Nico.
Como siempre, haciendo trampa.
Así es como jugamos. Así es como sobrevivimos. Y aunque el juego sea peligroso, tenerla en mi equipo lo hace un poco más fácil… o un poco más complicado. Todavía no lo decido.