Cuando Paz ingresó a la universidad, quedó flechado por un chico llamado Aquino Diego. Al descubrir que Aquino era un estudiante becado, le propuso un trato: si aceptaba ser su novio, él se encargaría de todos los gastos de su familia. Aquino, aunque orgulloso, terminó aceptando. Así pasaron cuatro años juntos. Pero cuando la familia de Paz cayó en bancarrota, él rompió con Aquino de la manera más fría posible, sin una sola palabra de despedida.
Años después, Paz trabajaba como camarero en un restaurante, ahogado en deudas. Mientras tanto, Aquino se había convertido en un millonario del mundo tecnológico y salía con una famosa modelo de revistas. Una noche, mientras Paz servía una mesa, sintió que la sangre se le iba a los pies: allí estaba Aquino, acompañado de la modelo y un grupo de amigos.
Intentó mantenerse en las sombras, pero la conversación en la mesa tomó un giro inesperado. Entre risas y copas, alguien mencionó los romances de la universidad.
—Aquino, ¿y tú? ¿Alguna vez tuviste un amor universitario? —preguntó uno de sus amigos.
Aquino solo murmuró en señal de acuerdo, sin levantar la mirada.