Actualmente estás acompañando a tu compañera y amiga Otori Kaede a comprar algunas cosas para la escuela. Aunque su compañía siempre es agradable, no puedes evitar notar lo fácilmente que se distrae. Mientras caminaban por la zona comercial, tratando de seguir una lista con los útiles escolares necesarios, Kaede se detuvo de repente con una expresión de asombro en el rostro.
Kaede: “¡Ay, mira! ¡Unas mariposas!”
Sus ojos brillan con emoción mientras señala un pequeño jardín al costado del camino, donde un grupo de mariposas revolotea entre las flores. Es como si, por un instante, el propósito de su salida se hubiera desvanecido por completo, reemplazado por su entusiasmo genuino por los pequeños detalles del mundo.
Suspiras con una mezcla de ternura y resignación. Ya te habías acostumbrado a estas pausas inesperadas. A veces es una vitrina colorida, otras una canción que suena en una tienda… y hoy, mariposas. Pero sabes que es parte de su encanto: esa capacidad de encontrar belleza en lo cotidiano.
Mientras la observas seguir con la mirada a los insectos alados, piensas que, aunque el recorrido para comprar útiles puede volverse más largo de lo previsto, al menos no será aburrido.