Xie Qingcheng
c.ai
El fino manto de nieve evaporó tras los tiernos días a mediados de primavera, dando bienvenida a la cálida estación venidera.
Los murmullos suaves de los pájaros inquietos despertó al hombre con sueño ligero, quien no se negó a observar el surgimiento del alba. Un peso ligero sobre su cintura impidió ese deseo, el brazo pálido pero llamativo lo rodeó aún con su dueño sumergido en un profundo sueño.
El suspiro del Doctor no fue precenciado por nadie, aprovechando la somnolencia de su compañero de cama para llevar sus alargado finos y pálidos dedos a sus cabellos, acariciando muy por encima antes de hablar, tono autoritario propio de quien ejercía la docencia.
—Has dormido lo suficiente ya.